Gestionar la incertidumbre: tres consejos prácticos

Foto: Cheska Patow

La incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar.

Mario Vargas LLosa

Gestionar la incertidumbre es de las tareas titánicas que tenemos los seres humanos. Es un reto que se presenta en nuestra vida personal y profesional, porque la incertidumbre está conectada al futuro, uno de los lugares donde nuestra mente gasta mucho tiempo. Tenemos incertidumbre sobre qué vamos hacer con nuestra vida, nuestro trabajo, decisiones, consecuencias de las decisiones que tomamos, incluso cuando estamos en un buen momento de vida tenemos incertidumbre de cuánto va durar ese buen momento.

Como cualquier persona, me he enfrentado ante la incertidumbre en diversas ocasiones, de hecho, en este momento me encuentro con bastante incertidumbre sobre: ¿cuál será mi futuro de los próximos meses?, ¿dónde vamos a vivir?, ¿qué voy estar haciendo?, ¿voy a estar feliz?, y tantas preguntas más.  La incertidumbre tiene la capacidad de quitarnos la magia del momento presente hasta llegar a enfermarnos por ansiedad, obsesión y estrés. Sin embargo, su complejidad es que no es algo que tiene una solución o es algo que se puede eliminar de raíz porque sencillamente todo cambia, nada es permanente, con lo cual saber o controlar los sucesos de nuestra vida es algo prácticamente imposible.

La incertidumbre según la RAE es la falta de certidumbre, es decir, la falta de certeza. Al referirnos a la certeza, podríamos estar hablando de un sentimiento, por ejemplo, cuando soy una persona que tiene certeza sobre las cosas que me traerá la vida, estamos hablando de un estado de ánimo o sentimiento de seguridad. Esta secuencia nos lleva a concluir que la incertidumbre es algo que podemos gestionar, como todas nuestras emociones, ellas están ahí e impedir que sucedan no solo es casi imposible sino un poco estúpido por el daño que nos hace. Sin embargo, las emociones podemos gestionarlas, administrarlas y fluir con ellas, gestionar la incertidumbre nos permite gozar de la vida, no perdernos de las cosas maravillosas que tiene para ofrecernos y estar con esperanza, de nuevo, un estado de ánimo que alude a nuestra creencia que las cosas serán positivas.

Una de las mejores definiciones sobre la incertidumbre la escuche en el podcast “Entiende tu mente” (muy recomendado y lo pueden encontrar en Spotify), la cual dice:

“el secreto de la felicidad es tener la sabiduría necesaria para sobrellevar lo que no puedes controlar, la fuerza suficiente para cambiar lo que si puedes controlar, e inteligencia de distinguir la una de la otra”.

Gestionar nuestra incertidumbre podría realizarse mediante tres exigentes pero beneficiosas acciones: no proyectar el futuro con base en el pasado, soltar el control y dar lo mejor cada día.

No proyectar el futuro con base en el pasado

Desde una mirada más científica, en el libro Nudge de Richard Thaler y Cass Sunstein, exponen evidencias contundentes que concluyen cómo los seres humanos no tomamos decisiones inteligentes porque en muchas ocasiones nos basamos en los hechos del pasado. Muchas veces  ha sucedido en el mundo de las inversiones que se invierte con base en el comportamiento de los últimos años y termina en quiebras, burbujas y pérdidas, o realizamos planes con base en el éxito pasado de otras personas y no realizamos un análisis riguroso de las diferentes variables que interactúan en la decisión. Desde un ámbito más espiritual, cuando proyectamos con base en el pasado le quitamos toda la fuerza energética que tiene nuestra creatividad y poder de atracción. De hecho, proyectar un futuro con base en hechos negativos es bastante peligroso porque con seguridad vamos atraer eso, ya que es la energía con la que estamos vibrando.

Es por esto que el primer consejo para gestionar la incertidumbre es no pensar en mi futuro con base en mi pasado, mi futuro es un espacio limpio que tengo que llenar desde mi cuerpo, mente, emociones y espíritu. Cada vez que nuestra mente viaje al futuro con ansiedad por no saber qué va suceder, tomemos distancia, observémonos y preguntémonos si ese futuro al que estoy viajando es con base en mi pasado, es así, paremos y llenemos ese espacio con certeza, lo que viene será lo mejor, lo cual me lleva al siguiente consejo.

Soltar el control

En este escrito quiero mencionar de nuevo al profesor Robert Wright, quien en su curso sobre Budismo y Psicología Moderna (muy muy recomendado y lo pueden encontrar en Coursera), comparte que mediante diversos experimentos desde la mirada de la psicología evolutiva se encuentra que las personas no tenemos el control ni siquiera de nuestras propias decisiones, es una gran mentira que nos creemos. Realmente nuestra mente –mediante una compleja red de módulos– toma decisiones con base en lo que sucede en el entorno y lo que sale de nuestras acciones o palabras es más nuestro departamento de relaciones públicas, que el CEO que creemos que tenemos y domina nuestro accionar. Buda argumentaba lo mismo, no tenemos el control de ninguno de nuestros agregados: cuerpo, sensaciones, percepción, formaciones mentales y consciencia, porque simplemente todo nuestro interior también es cambiante y no lo podemos controlar.

El exterior también es impermanente, el mismo capítulo del podcast “Entiende tu Mente” socializa un experimento interesante: toman grupos de personas y les hacen escribir diez cosas que les preocupa que van a suceder en su vida en el próximo año. Al año siguiente revisan las preocupaciones de las personas y en promedio solo sucede una de las diez preocupaciones que escribieron, ¿bastante claro no?

Controlar lo que nos va suceder simplemente es agotador e inútil, con lo cual mi mejor consejo es soltar ese control, fluir con la corriente y no contra ella, sincronizarnos con los sucesos y sí estar alerta, presente y total en lo que sucede día a día para fluir de la manera adecuada, esto me lleva al último consejo.

Dar lo mejor cada día

Varias personas son críticas del concepto soltar o no controlar, porque lo confunden con estar en el sofá esperando lo que traiga la vida. Eso no es cierto, existe la ley de la causalidad y las acciones o esfuerzos que hago generalmente me traen los resultados que busco. La diferencia radica en la intención y presencia de nuestras acciones, las cuales deben ser ancladas en el eterno presente, en el hoy sin el condicionamiento del miedo futuro de si va a salir bien o no, pasará “x” o “y”, simplemente estar presente en el hoy y dar lo mejor de mí. Es frase de cajón pero es cierta, si nos levantáramos cada día y solo nos concentráramos en dar lo mejor para ese día, viviríamos desde un estado de mayor tranquilidad porque no le damos espacio a nuestra mente de perder el tiempo en el pasado o el futuro.

Otras de las malas concepciones que tiene vivir el hoy es que se piensa que esto excluye que tengamos grandes sueños, planificaciones u objetivos de largo plazo. Es una concepción errónea, es fundamental poner nuestra mirada en un horizonte, ojalá lo más alto, apasionado, transformador y feliz que podamos, pero esto solo debe hacerse una vez, luego nuestro foco tiene que ser dar paso a paso con determinación. En otro de mis escritos mencionaba que por eso es como subir una montaña, sabes cuál es la cima que estas aspirando pero llegar a ella solo es posible dando paso a paso con determinación, una férrea voluntad y sin mirar tanto arriba porque te caes.

La selección natural nos ha hecho personas que buscamos controlar, no culpemos esa parte intrínseca de nosotros. En la aceptación de esto podemos gestionar nuestra incertidumbre, esto nos permitirá vivir en tranquilidad, paz y armonía.

Namasté

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