Quitarnos la armadura

Preocúpate por lo que piensen los demás y siempre serás su prisionero

Lao Tse

Es imposible que no nos pongamos armaduras durante el transcurso de nuestras vidas. La vida misma, nos ubica en lugares determinados, con culturas específicas y con personas que decidimos que fueran nuestra familia y amistades. Estos entornos van tejiendo unos roles e identidades concretas, de las cuáles somos más o menos conscientes. Incluso, muchas de nuestras vidas quieren luchar contra esas identidades para construir otras que nos convencen más, pero al final de cuentas, buscamos construir otra que nos representa más.

Por ejemplo, mi vida profesional se ha desenvuelto en el sector social y no podría negar que cuando me preguntan ¿Quién eres? Caigo (caemos) en la inevitable frase de mencionar mi enfoque profesional. Esto, nos sucede con las diferentes identificaciones que vamos tejiendo: soy vegetariano, soy activista, soy artista, soy padre, soy hijo, soy, soy, soy…

En las enseñanzas orientales, principalmente hinduistas y chinas, se menciona que una gran parte del sufrimiento humano se relaciona a la alta identificación con el ser. Porque cada deseo o rechazo que tenemos parte de las identificaciones que construimos. Entonces, seré menos feliz si ese rol que construyo sobre mí no se cumple.

Vamos con un caso sencillo. Soy Felipe una persona que considera que hace las cosas bien en su trabajo; cuando mi jefa me dice que no hago bien esas cosas, se vuelve complejo que se mantenga intacto mi estado de ánimo, ya que se pone en riesgo el ser que he construido. Esto se vuelve aún más complejo, cuando tocan identificaciones de nuestras fibras más profundas como las creencias, el género, o los roles. Sin embargo, esas armaduras (identificaciones) que montamos sobre nuestra individualidad son las que muchas veces nos llevan a impedirnos gozar de la vida. Considero que especialmente afectan dos dimensiones que nos traen felicidad: la vulnerabilidad y la exploración.

Cuando tenemos armaduras, podemos llegar a tener dificultad en mostrarnos vulnerables. Cuantas veces no la ha pasado a nuestras madres que por cuidar cierta armadura frente a nosotros, se han perdido de la valiosa oportunidad de mostrarse vulnerables para recibir el amor y cariño que merecen. A las personas líderes, quienes construyen una armadura sobre el líder que tiene las respuestas y soporte para su equipo, en vez de abrirse y mostrar sus miedos para que pueda recibir esa cuota de empatía y soporte que tanto se necesita. Aún más complejo, mostrarnos vulnerables en que la identidad que construí, tal vez, ya no me convence y poder enfrentar a la sociedad con el miedo que nos castigue con el látigo de la crítica. Al parecer, mostrarnos contradictorios es un error, cuando vivimos en un mundo de constantes contradicciones.

Por otro lado, la oportunidad de explorar y explorarnos para encontrar eso que nos da disfrute. En algunas ocasiones la armadura es tan rígida, que no vemos cómo podemos quitárnosla para intentar explorar otras cosas. Un clásico ejemplo, nuestra vocación profesional. No me dejo de sorprender de la cantidad de personas que me comenta “me gustaría ser esto” pero es que “me dedico a esto” y no veo cómo hacerlo posible. Detrás de este obstáculo, está la armadura de la vocación profesional escogida que es pesada y nos quita la oportunidad de retirarla para estar más livianos, así sea para ponernos otro traje que nos conecte más con nuestro ser.

Para concluir, el estudio del ser tiene tanto de largo como de ancho para discutir. Es un tema que es estudiado desde ramas como la psicología, antropología, sociología, religiones, entre otras; y el debate sigue abierto (felizmente). Ahora, algunas cosas pueden verse más simples (que eso no quiere decir que sean fáciles) y es que la excesiva identificación nos puede quitar la oportunidad de valorar lo amplio que somos como seres y lo que nos brinda el universo. No es un camino sencillo el de la desidentificación; en mi caso, me permito ser vulnerable en compartirles que quisiera explorar una vida más artística pero no me atrevo; ahí está el desafío.

Namasté

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