La saciedad

Lo tierno y lo débil vencen lo duro y fuerte

Lao Tse, Tao Te King

Por recomendación de Pablo D’Ors leí Los Ojos del Hermano Eterno de Stephan Zweig. Libro que sugiero para personas que quieran indagar sobre la voluntad de nuestros actos, la culpa, el miedo, la vida contemplativa, el que hacer y el no hacer. Luego, este libro me llevó a leer Miedo del mismo autor, que a través de la historia de Irene, se postula la frase «la saciedad y el hambre son iguales de insoportables». La frase entró directo, profundo y rasgando mi pecho, ardía todo mi torso. Sentí que posiblemente gran parte de mi vida me he movido entre el péndulo del hambre y la saciedad.

¿Por que sentí incomodidad? ¿Logramos encontrar saciedad plena en nuestras vidas? ¿Qué significa estar satisfecho desde un lugar sano? ¿No nos queremos aceptar que si no estamos en la búsqueda de algo, nuestra existencia se siente vacía? ¿Encontramos sentido solo si hay algo que se desea o busca?

En la filosofía del Yoga plasmada por Patanjali en el Yoga Sutra, a través de una de sus ramas, los Yamas y Niyamas, aquellos principios éticos que llevan a la virtuosidad del ser humano, existe el Santosha, el contentamiento o satisfacción, lograr un estado de dicha con lo que es, lo que se hace y lo que se tiene. De forma similar desde la sabiduría oriental, Buda explica la razón del sufrimiento a través del concepto de Dukkha, es decir deseo o apego. Desde estos saberes espirituales se ha tratado de enseñar que si logramos desapegarnos de todo deseo, encontraremos la paz y armonía en nuestras vidas, porque habremos comprendido que la felicidad no está afuera con las cosas sino adentro con el ser.

Por otro lado, recordé La insoportable levedad del ser de Milan Kundera. Como entendí el libro del autor, un estado de ligereza es insoportable, en nuestra vida, pero desafortunadamente cuando ponemos peso a las cosas como las relaciones o los propósitos, esta se hace insoportable también. Así como Gabriel Rolón en su charla ¿Cómo cambia el amor a lo largo de los años? comenta que los dolores del amor (los más comunes en sus pacientes) hay que diferenciarlos; creemos que sufrimos por necesidad, pero la realidad es que es por deseos no cumplidos, realmente pocas cosas necesitamos para vivir; comida, cuidado, agua, sueño….el resto es deseo.

No caben dudas que el deseo ha sido una de las energías determinantes para el progreso humano; este nos ha hecho evolucionar, encontrar sentido y buscar los caminos hacia una mejor civilización. Tampoco podríamos negar que un estado de dicha plena, en el que sentimos que todo está en orden, tranquilo, acomodado en su lugar, es deseable también, porque nos sentimos completos.

La mala noticia, basada en mi experiencia con cientos de historias y la personal, es que ambas cosas tienen una tendencia a durar poco. El deseo se convierte en hambre, ambición y por eso muchas veces en desdicha, porque no nos conformamos con nada, creemos que siempre nos falta algo o alguien. Y en la saciedad igual, nos petrifica saber que todo está bien, entonces buscamos consciente o inconscientemente una razón para sabotear ese estado, tal vez porque nos enfrenta sin mucha cosa ni armadura a quienes somos, algo muchas veces insoportable de lidiar porque varias veces es darnos cuenta que somos la construcción de algo, en un estado más puro, somos vacío en esencia, nada de eso nos pertenece y eso nos deja sin respuestas, sin piso.

¿Existe un estado ideal?

Hace poco estuve leyendo Dejar Ir de David Hawkins, y de forma inesperada este psiquiatra me regaló un par de pistas sobre encontrar esa justa medida. Primero, dejar ir, dejar ir esas emociones que obstaculizan la armonía. Dejar ir, lejos de referirse a escapar, sino a entregar las emociones, así como vienen, sin vergüenza ni juicio. Aceptar que tenemos culpa, deseo o apegos será mejor que negarlo, reprimirlo o proyectarlo.

Y por otro lado, elevarnos a estados de conciencia como la aceptación, el amor y la paz; como estados en los que comprendemos que cada cosa que vivimos es perfecta, es la necesaria. En mis palabras, nos entregamos a la naturaleza y suceso de las cosas que vivimos, y así no hay saciedad ni hambre, solamente estamos fundidos en el mismo devenir del universo.

Finalmente, y como cierre al comentario de mi rasgadura de pecho que ardía y hacía sentir incomodo mi ser, debo admitir que nuevamente la meditación resultó ser una buena compañera. Este es un momento para agradecerle a las maestras y los maestros de mi camino que me enseñaron que esa técnica nos puede ayudar a dejar ir, entregarnos a la aceptación (así sea dolorosa) y sentir unicidad con la existencia.

Namasté

Un deseo para el 2026

Amar es desnudarse de los nombres

Octavio Paz

Entregarnos. Ese es el deseo que tengo para el 2026.

Nos deseo una entrega radical y honesta con el amor propio para que amemos nuestras luces y sombras. Para la luminosidad, recibirla, no huirle a todo el amor que tenemos para entregarnos; disipando las nubes de las expectativas ajenas. Y por otro lado, para nuestras zonas oscuras, como postula la técnica japonesa Kintsugi, reparando con amor y aceptación nuestras cicatrices y errores. Somos la existencia, la vida, y por esto, tenemos derecho a pertenecer, por esa simple razón, merecemos amarnos.

Nos deseo una entrega bondadosa y compasiva con la humanidad. Reconociendo la unidad e interconexión que nos tiene entretejidos como seres humanos. Comprendiendo que este plano es un salón de espejos; lo que veo, percibo, crítico en el otro es el reflejo de mi interior. ¿Cómo podemos anhelar paz en el mundo sino tenemos paz en nuestros corazones? Mientras eso llega, podemos ser amor para las demás personas; aceptándolas, dando lo que tenemos (no lo que nos sobra), escuchando, sintiendo, respetando a la otredad.

Nos deseo una entrega luminosa con la aceptación de la impermanencia de las cosas. Los físicos, el Buda y los psicólogos, convergieron en una verdad fundamental, todo es impermanente y nada se controla. El Buda y los psicólogos demostraron empírica y teóricamente que el ser, el hacer y el tener están lejos de ser un punto fijo, sino es un constante movimiento; por esto, aceptar esa naturaleza nos evita sufrimiento. Para tranquilidad de los más «racionales», los físicos cuánticos del siglo XX también demostraron lo mismo, la realidad no está hecha y determinada por cosas sino por eventos. ¡Cuidado! Me ha pasado que he confundido resignación con aceptación. La primera, es apatía frente a la vida misma; la segunda, es entrega amorosa y consciente con todo lo que trae esta compleja vida.

Nos deseo entregarnos a la naturaleza y los animales. Como dijo alguien, nuestro problema es que no hemos sanado la herida de desconexión con la naturaleza, y es gracioso que ahora intentamos reparar el propio daño que hemos hecho. Conectar con los árboles, las plantas, las flores, las montañas, los ríos, los lagos, los humedales, los animales, el viento, el agua, el fuego, todo aquello que nos sostiene y damos por hecho.

Finalmente, nos deseo entregarnos al amor. Una energía poderosa, indescriptible, transformadora, sanadora, creadora, luminosa y podría seguir. Nos deseo una entrega decidida con intencionar todo con amor: nuestras acciones, deseos, días, pensamientos, etc, porque en tiempos oscuros, personalmente puedo compartir, que la única (mejor) respuesta es el amor. ¿Cuál es nuestro punto de anclaje? ¿Desde que lugar nos sostenemos para movilizar nuestro ser? Arquímedes dijo alguna vez «Dame una palanca y moveré el mundo», porque no es cuestión de fuerza sino del movilizador correcto para romper obstáculos o remover estructuras. Nos deseo que nuestro movilizador sea el amor, porque como dijo Fito, «nadie puede, ni nadie debe, vivir vivir, sin amor»

Namasté

Lo efímero de la existencia

Únicamente ante la muerte, solamente bajo la presión de la finitud, de la finitud temporal de la existencia humana, puede tener sentido actuar. Y no solo actuar, sino también vivir. Y no solo vivir, sino también amar y también cualquier cosa que se nos imponga soportar y sufrir valerosamente.

Viktor Frankl

Cuando nos abraza la contradicción entre la sutilidad y contundencia que tienen los finales, sentimos que estamos vivos. La muerte, un concepto con muchos matices, tabúes y dogmas, tiene en su paso varias caras luminosas, uno de ellas, comprender lo efímero.

Hace unos días tuve la posibilidad de leer Asumir lo efímero de la existencia de Viktor Frankl, una conferencia pronunciada en 1984 en Dornbirn (Austria) por el autor del renombrado libro El hombre en busca del sentido. Entre tantas enseñanzas que comparte Frankl, me interpelaron dos: primero, para alegría y tristeza de nosotros, cuando se acaba la película, es realmente cuando comprendemos el «por qué» y «para qué» de las escenas que vivimos; segundo, buscar sentido en nuestras vidas no tiene que ver solo con ser felices, sino con honrar la importancia de vivir con intensidad el momento a momento (ojo, momento a momento, no día a día), porque al final somos seres efímeros.

También, hace unos meses, tuve el privilegio de leer Historia de la eternidad de Jorge Luis Borges, dejándome más preguntas que respuestas, pero si una certeza, el concepto de eternidad también es subjetivo, incluso con la lupa de la rigurosidad de la ciencia.

Efímero vs eterno

Ambos adjetivos con percepción subjetiva, al parecer enfrentados; sin embargo, podemos vivir efímeras experiencias con legado eterno, así como realizar eternas labores con recuerdos efímeros; es decir, se puede tejer entre los dos adjetivos. Puedo ejemplificar esto en mi caso; la última conversación con mi madre quedará tatuada para toda la eternidad, porque fue honesta, profunda, mística y llena de aprendizajes; así como tengo recuerdos en los que tuve que interactuar con un jefe cientos de veces y no tengo el mínimo recuerdo al respecto.

Entonces, volvemos a lo subjetivo, a eso que dice mi psicóloga, la única historia que cuenta es la que tú te cuentas. Así, como enuncia Frankl, si asumimos lo efímero de la existencia, podemos llenar de sentido nuestro camino, pero sobretodo, ver y enfrentar con otros lentes las adversidades que nos pone de frente el viaje, porque al final, siempre habrá una libertad que nadie te podrá quitar, cómo es tu actitud con los devenires del destino.

Podemos tener una actitud eterna de valentía y humildad frente a las efímeras dificultades, así como atesorar y tomar presencia de un momento efímero en el que hacemos un cambio radical de vida (ojalá desde el amor) que quedará grabado para toda la eternidad en nuestro espíritu.

Hace unos días, mi madre trascendió y expandió su cuerpo físico por todo el universo, un viraje de vida y también un golpazo en la cara. Ella, con 58 años y yo con casi 38 de haber compartido con su magía, me dejó varias lecciones, una que les comparto hoy, es que no importa la cantidad de tiempo compartido, sino cómo llenamos de amor cada instante que la vida nos regala.

Te amo mamá

Namasté

La trascendencia

«Hoy la noche es joven; de la muerte, apenas nacemos, inmensamente»

Vinicius de Moraes

¿Cuál es la trascendencia de una mariposa?

¿Cuál es la trascendencia de una flor?

¿Cuál es la trascendencia de un árbol?

¿Cuál es la trascendencia de un pensamiento?

¿Cuál es la trascendencia de un pensamiento, si fue un impulso sobre qué ibas comer al almuerzo?

¿Cuál es la trascendencia de un pensamiento, si es la revelación de tu vida?

¿Cuál es la trascendencia de un pensamiento, si es la pregunta que nunca te habías hecho?

¿Cuál es la trascendencia de una charla cotidiana con una persona?

¿Cuál es la trascendencia de una charla cotidiana con una persona que llevó a que le pidieras perdón por un error cometido?

¿Cuál es la trascendencia de un acto como frenar en un semáforo?

¿Cuál es la trascendencia de no frenar en un semáforo y quitarle la vida a alguien?

¿Cuál es la trascendencia en un trabajo?

¿Cuál es la trascendencia de un trabajo donde fuiste infeliz 5 años?

¿Cuál es la trascendencia de un trabajo donde fuiste feliz así solo haya durado 6 meses?

¿Cuál es la trascendencia de un feto que solo vivió 1 mes en un vientre?

¿Cuál es la trascendencia de una persona que vivió 99 años?

¿Cuál es la trascendencia de que algo muera?

¿Cuál es la trascendencia de que alguien muera?

¿Cuál es la trascendencia de un nuevo comienzo?

¿Cuál es la trascendencia de nuestra vida?

¿Cuál es la trascendencia de nuestras acciones?

¿Cuál es la trascendencia de decir te amo?

¿Cuál es el tesoro que dejamos a los seres vivos que siguen su tránsito en la tierra?

Muchas preguntas, un mismo hilo. Tal vez, se trasciende en la intención no en la duración. Algunos, también lo llaman sentido.

Namasté

La última duda

«La vulnerabilidad es el camino hacia la conexión y la autenticidad»

Brené Brown

«Afloja la última duda, esa que dice que debes ser fuerte» fue la frase de Rafael previo a jugar con los niños santos. Somos un día jerarcas, poderosos, intelectuales, ricos, dotados de talentos y seguridades; y otro día, somos niños desnudos, con una montaña de miedos, ansiedades, inseguridades, heridas y fragilidades.

En este último estado, es donde observamos que estamos llenos de cosas que no somos, porque lo que somos, tiene un contenido más sutil y no es evidente a la vista. Ya decía el libro El Principito «solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos».

¿Cómo ver con el corazón? Bueno, una primera idea puede ser provista desde el Chi Kung Shaolin, que nos insta a sonreír desde el corazón. ¿Cómo es eso? Sería pretencioso dar una respuesta, de pronto, puedo compartir como experiencia personal que se trata de dejar fluir el arroyo dentro de nuestros canales corporales. Como si subiera y bajara un flujo de agua caudalosa de emociones, con lo que vienen, altos y bajos, ligeros y densos, ambos iguales de importantes. Si algo me ha enseñado la vida de servicio con personas en vulnerabilidad socioeconómica, es que sonreír no es estar alegres siempre, es una postura frente a la vida, sonreímos porque tenemos esperanza a pesar de los obstáculos y las injusticias que aún no tienen una explicación absoluta.

Pero otra forma de ver con el corazón, puede ser mediante el camino que nos enseña Castaneda en Las Enseñanzas de Don Juan «elige un camino que tenga corazón». También sería arrogante explicar cómo es eso, pero acudiendo de nuevo a mi sendero, tal vez esto puede ser, caminar un camino de disfrute, donde el tiempo y espacio son secundarios, probablemente una analogía cuando somos niños y jugamos, y eso es lo único que importa.

Finalmente, un corazón abierto, ese que se permite ser vulnerable. Como hombre, criado en una sociedad machista, es indudable que me cuesta mostrarme vulnerable, porque ese ha sido uno de los mayores daños que nos han hecho, meternos en la cabeza que debemos ser duros o resistentes. Ahora, no creo que esto solo sea del género con el que me identifico, pero si creo que cargamos con más piedras en la mochila que no nos permite andar con vulnerabilidad. Sin eso, es poco probable tener un corazón abierto a la vida, porque estaremos llenos de esas dudas que no podremos soltar, esas que dicen que debemos ser fuertes.

Pienso (y siento) que sonriendo, caminando y abriendo corazón, daremos apertura a un estado de luz que nos vacíe de respuestas seguras y nos llene de preguntas sin pistas, que inicialmente darán vértigo, porque ver el abismo da miedo, pero luego no tendremos más opción que saltar, y de pronto ese salto, no nos hace caernos al piso sino volar a donde nuestro corazón anhela y solo debe recordar.

Namasté

La redención

Foto: Cheska Patow

El concepto de la redención puede explicarse desde varios ángulos, desde definiciones religiosas como comerciales. En este escrito me aproximo desde una mirada espiritual, entendida como una aceptación radical con los atropellos que tiene preparada la vida para nosotras.

Hace unos días, Claudia Cabieses referenciaba éste texto de Sara Jaramillo Klinkert, el cuál sincrónicamente describía sucesos que estaba viviendo y observando. Pasaron ante mis ojos y oídos, personas con historias conmovedoras de perdidas familiares, adicciones, problemas de salud mental, afectaciones físicas e incertidumbres justificadas sobre un futuro caóticamente incierto. También, yo me enfrentaba ante sentir el atropello de personas hacia mi integridad (quiero creer que de forma inconsciente).

Entonces recordé el concepto de la redención por parte de Eckhart Tolle. El autor menciona que uno de los momentos claves para comulgar con el aquí y el ahora como pasos claves hacia la armonía del ser es la redención; porque la vida está hecha de infortunios, personas malvadas, errores fatales y de nuestros propios estragos, y solo con una aceptación radical frente a esta inherencia de la vida misma, es que podemos iniciar verdaderamente un nuevo despertar.

¿Por qué nos cuesta entregarnos?

Alguna vez Claudia me dijo que mis textos buscan ser pedagógicos o con una intención de querer enseñar. En esta ocasión declaró que no lo sé, no logro dar con el punto claro sobre ¿Cuáles son esos obstáculos que nos impiden aceptar el devenir de las cosas? Por supuesto, puedo compartir algunas pistas, pero en esta oportunidad tomo un paso adelante para decir que agradeceré esas ideas, consejos y experiencias que me permitan navegar con esa pregunta.

Hace unos años, Pancho Jiménez S.J. me invitó a leer El regreso del hijo pródigo: Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt. En una de sus tantas enseñanzas, hay una que sigue siendo un fraternal recordatorio a mi día a día: cada momento de entrega honesta con nuestro camino, principalmente con nuestros errores, son la tierra fértil para reconstruirnos, repensarnos, redefinirnos, reinventarnos, re, re, re….

Namaste

Todos tenemos un Aureliano Buendía

Aureliano Buendía vive en nuestros corazones. Este personaje de ficción está presente en nuestra vida cotidiana y decisiones de vida.

Aureliano es uno de los personajes icónicos de Cien años de soledad, la obra maestra de Gabriel García Márquez. El coronel decide ser un revolucionario por la patria y luchar contra el gobierno; librando batallas, cargando muertos y sangre en sus manos y sobreviviendo a la muerte. Sin embargo, pienso que Gabo expone tres aspectos claves que marcan el devenir de la vida de Aureliano.

Primero, la muerte de su esposa en embarazo llamada Remedios, dejando un dolor profundo en su corazón; posteriormente Aureliano se enlista para ser coronel. La otra, cuando ya ha librado tantas guerras civiles, el personaje sigue luchando por saciar su ego y no tanto por los altos fines revolucionarios que perseguía. Finalmente, su disfuncional familia tuvo impactos desde su infancia.

¿Por qué Aureliano vive en nosotros?

En primer lugar, porque emprendemos caminos decisorios en nuestras vidas basados en el dolor o el miedo. En algunas ocasiones no sanamos correctamente nuestras heridas y si a eso le sumamos una de falta de discernimiento, es el cóctel perfecto para iniciar caminos que probablemente están más relacionados a escapar de nosotros mismos o llenar un vacío, que a algo que realmente anhela nuestro espíritu. Recuerdo el caso de Simón que se casó con Amalia para no quedarse solo, ya que él nunca sanó la herida de haber sido abandonado por sus padres desde pequeño; ya se imaginarán como le fue a ese matrimonio.

Por otro lado, nos ha pasado que nos embarcamos en grandes proyectos con altos fines pero el desenvolvimiento de los mismos y nuestro ego goloso nos llevan a perder la perspectiva del sentido por el cual estábamos en eso. Recuerdo el caso de Alberto que quería defender a los desfavorecidos siendo abogado pero en el camino terminó ejerciendo esta profesión por el prestigio y la ganancia material que eso tiene y no tanto por el fin que se perseguía.

Nuestras familias nos marcan, no podemos escapar a esto. Por exceso o por defecto, la familia nos atraviesa en cada aspecto de nuestra vida. ¿Le tomamos el peso que ha tenido nuestra historia familiar en nuestra travesía? Madres, padres y hermanos que nos afectaron o que al contrario, estuvieron ausentes, fueron dejando huella.

Tal vez no estoy diciendo nada extraordinario y novedoso; sanar correctamente heridas, no perder la perspectiva del propósito y trabajar nuestra historia familiar pueden ser caminos de bienestar y felicidad. Ahí está lo misterioso de la vida, que esta es simple pero que eso no quiere decir que sea fácil.

Namaste

Vidas pasadas

¿Crees en las vidas pasadas? ¿Crees que es coincidencia y producto del azar las personas que entran en contacto con tu vida? ¿El destino está determinado o hay incertidumbre en el devenir del universo? Para los más «racionales» y científicos, esta última pregunta sigue siendo el centro del debate entre la física clásica y la física cuántica. Para los más «espirituales», también existen múltiples abordajes, por ejemplo en las culturas orientales es algo predeterminado en otras enseñanzas occidentales no es así; es decir, esto está lejos de ser una discusión sencilla y resuelta.

Hace unos meses tuve la oportunidad de ver la película Vidas Pasadas de Celine Song. Un drama excepcional que te muestra diferentes ángulos sobre la vida con un concepto central denominado In-yun que significa «destino o providencia». Mucho se ha hablado y criticado de la película, por algo fue nominada a diferentes premios, desde este humilde lugar me permito compartir algunas reflexiones que me dejó la película.

Cada persona es un universo de lecciones

He investigado sobre el mencionado concepto budista In-yun y no ha sido fácil encontrar más del tema a profundidad. Sin embargo, no es nuevo que el Budismo plantee enseñanzas acerca de la interconexión e interdependencia en el universo. Como entiendo el mensaje de la película, nos lleva a un darse cuenta de las personas que pasan por nuestras vidas. Ese amigo, pareja, ex-pareja, jefe, ex-jefe, familiar, profesor, victimario, víctima, colega, vecino…no está por casualidad, tal vez, hay más causalidad de la que podemos ver aparentemente y estará en nosotros darle contenido y comprensión a las lecciones que nos va dejando cada ser humano en nuestro camino.

La vida es un ensayo-error

Como plantea Milan Kundera en la Insoportable levedad del ser, la vida no es algo que puedes testear para luego corregir, porque solo tenemos una. Eso hace que tenga fluidez y peso a la vez, porque nuestras decisiones (hablo de las importantes) no se basan en evaluaciones sino en instintos, intuiciones y corazonadas. Por eso, el «que hubiera sido» que tanto plantea la película, es una ilusión, nos toca decidir con lo que tenemos y con lo que creemos. Es un llamado a vencer los miedos del análisis y no acción para lanzarnos a hacer, arriesgar, jugársela.

Grandes sueños, grandes renuncias

A la protagonista le sucede algo similar a algo que nos pasa a la mayoría de personas. Soñamos de niños con la sabía inocencia propia de no tener corrompida nuestra mente producto de una sociedad que va acabando anhelos a cambio de encajar en un sistema. Ella, en su niñez quería ser una gran escritora y ganar el nobel de literatura, pero en su edad adulta su sueño va en ser una buena editora o dramaturga. ¿Cuántos de nosotros no hacemos una transacción entre esas ilusiones más profundas y el pragmatismo de tener casa, carro y beca?

Las «grande ciudades» son lugares impersonales

—¿Ya no lloras tanto? —pregunta el protagonista.

—No —contesta la protagonista.

—¿Por qué?

—Acá (en Nueva York) a la gente no le importa mucho.

Ese pequeño diálogo pone el dedo en la llaga sobre las grandes urbes. Estos apoteósicos lugares de progreso y riqueza que son inversamente proporcionales a lo comunitario y el bienestar. Las vastas ciudades no brindan un tejido de cuidado para nuestra salud mental y emocional. Cada vez estamos más solos y aislados para compartir lagrimas, penas y dolores.

Matizar el amor

El amor son muchos tonos de grises y no blanco o negro. ¿Podemos amar a más de una persona en un nivel romántico? ¿Tenemos amores que nunca se olvidan? ¿Hacemos transacciones con el amor basado en un instinto de mayor felicidad y no solo placer? ¿No decimos estas cosas porque la sociedad nos puede castigar hipócritamente?

Desde esta orilla, la respuesta a todas esas preguntas es probablemente que SI.

Contrario a lo que nos han mostrado muchas películas, la protagonista, a pesar de tener un profundo amor por el personaje que conoce hace 20 años, decide seguir con su pareja actual, quien sorprendentemente es comprensiva, empática y le presta su hombro para llorar ese amor que no fue. ¿Seremos capaces de renunciar a nuestro ego por nuestra felicidad como lo hace Arthur en la película?

Vidas pasadas deja último aprendizaje que quiero compartir, tal vez el más valioso: que sigamos bajo la sospecha sobre las no certezas de vivir y la vida, menos en lo relacionado a la complejidad de nuestras decisiones sobre las emociones.

Namaste

Plantas y la sociedad de la inmediatez

Hace un par de semanas me encontraba con Ches en un taller sobre plantas medicinales. Jenny nos explicaba que muchos fármacos vienen de las plantas y la industria farmacéutica ha trabajado con estas para producir sus medicamentos a escala. Uno de sus atributos es que contienen químicos que permiten acelerar el proceso de curación. Por otro lado, las plantas tomarán mayor tiempo en hacer efecto en nuestro cuerpo, por ende, estas serán percibidas como menos eficientes y eficaces que los medicamentos.

En ese instante, tuve dos reflexiones que se conectan. La primera, es que en este caso (como muchos otros) se acentúa la sociedad de la inmediatez en la que nos desenvolvemos. Todo lo queremos ya: la felicidad, el éxito, los logros, llegar a nuestro destino, que se acabe la reunión, la semana, el año, la sanación…La segunda reflexión es que no sanamos correctamente nuestras heridas, porque la inmediatez de curarlas atenta contra esto.

Conectando estos dos puntos, lo llamaría la inmediatez de estar bien. No soportamos los estados de zozobra, nos aterran. Por esta razón buscamos rápidamente escapar de ellos con las amistades, los planes, los cambios, etc. Otra táctica es disimularlos porque el entorno nos exige estar bien o justamente ponernos la aspirina que alivie rapidito la cuestión para no sentir más ese dolor.

Llevo 6 años realizando sesiones formales de Carta Natal Maya a alrededor de unas 200 personas. Una de las enseñanzas que les puedo compartir es que tarde o temprano nos cae el peso de no sanar correctamente las heridas. Estas sesiones también me han dado unas pistas acerca de como sanar correctamente las heridas: autoconocimiento, una visión holística de la herida y la presencia.

Si trabajamos el autoconocimiento, es probable que demos con las causas y consecuencias de lo que nos aflige. Nadie saber mejor que nosotros mismos que nos está pasando, por supuesto, si esto viene de un estado de conciencia. La visión holística está asociada con no caer en la inmediatez analítica de herida-dolor-remedio-estoy bien. Acá hacernos preguntas sobre ¿Qué está pasando en mi vida? ¿Cómo está mi entorno? ¿de dónde vengo? y tantas más serán de mucha ayuda. Finalmente, la presencia, la bendita presencia que es tan desafiante; esto quiere decir, estar presente en el dolor, sentirlo, palparlo, fluir con él, aceptarlo.

Tal vez las plantas (la naturaleza) son un buen doctor, porque ellas hace miles de años han entendido algo que no estoy seguro que entendemos los seres humanos «la naturaleza de las cosas tienen un orden y proceso divino (y no hablo de Dios), de pronto nuestro error es creer que tenemos más poder sobre las cosas del que realmente tenemos».

Namaste

No dejarse dominar

La evolución trajo implícitamente un problema: el deseo de dominación sobre otras o las mismas especies como hicieron los seres humanos. No es casualidad que vivimos en una sociedad de opresores y oprimidos. Nos han vendido ideas de la felicidad, el éxito, el amor y las aspiraciones divinas. Estas han sido la gasolina de sistemas e individuos para generar presión en nuestras mentes, y en consecuencia, comportamientos sobre cómo se espera que desenvolvamos nuestra vida.

¿Podremos ser rebeldes ante el establecimiento? ¿Podremos sublevarnos frente a nuestros propios paradigmas adoptados de otras colectividades y sociedades? ¿Podremos vivir auténticamente nuestro día a día? ¿Podremos decirle que NO a nuestros seres queridos si eso va en contra de nuestro amor propio?

Un disclaimer, no podemos ser ingenuos en omitir que estas preguntas están atravesadas por la estructura social y de poder. La rebeldía de una mujer campesina de una zona de conflicto armado será diametralmente diferente frente a la de un hombre blanco citadino con todas las posibilidades. Por esto, en el esfuerzo de no dejarnos dominar, hay que poner en perspectiva que para cada persona su revolución será única y especial. Estará en cada persona, trazar su camino de desobediencia frente a la inherente dominación.

¿A quien y a qué le queremos entregar nuestro poder? ¿A nuestra pareja? ¿A nuestro trabajo? ¿A nuestra familia? ¿A nuestros amigos? ¿Al que dirán? ¿Al establecimiento sobre cómo y para qué vivir? Cuentan los budistas que antes de morir van desapareciendo diferentes aspectos del ser y que en ese instante nos cae el peso de ver morir todo aquello que considerábamos valioso, como si se vaciará todo. Cuando todo se vacía, van quedando pocas cosas, creo que una de ellas es la de haberle entregado en exceso la vida a otras y otros. No creo que sea casualidad que los recientes estudios de felicidad exponen que las personas mayores tienen como uno de sus mayores arrepentimientos el haberle dado tanta atención al «qué dirán».

El discernimiento es esencial. Porque este no es un texto que está proclamando vivir de forma individualista y aislada. Todo lo contrario, esos mismos estudios de felicidad dicen que las personas más felices son aquellas que cultivaron buenas relaciones a lo largo de la vida. El punto estará en la intención que ponemos a nuestras acciones. Si son desde el amor a la vida, posiblemente esas relaciones serán sanas, duraderas y honestas. Si son desde nuestra mente dominada que le brotan carencias, posiblemente serán relaciones bajo el sistema consciente o inconsciente de dominación.

Renunciemos. Terminemos esa relación. Cambiemos de carrera. Vámonos del país. Empecemos el sueño aplazado. Tiremos todo al caño. Emprendamos ese viaje. Denunciemos al violento. Peleemos por nosotros. Larguémonos si no nos hace bien. Confrontemos al opresor. Seamos brutalmente honestos.

¡No nos dejemos dominar!

Namaste.