Un deseo para el 2026

Amar es desnudarse de los nombres

Octavio Paz

Entregarnos. Ese es el deseo que tengo para el 2026.

Nos deseo una entrega radical y honesta con el amor propio para que amemos nuestras luces y sombras. Para la luminosidad, recibirla, no huirle a todo el amor que tenemos para entregarnos; disipando las nubes de las expectativas ajenas. Y por otro lado, para nuestras zonas oscuras, como postula la técnica japonesa Kintsugi, reparando con amor y aceptación nuestras cicatrices y errores. Somos la existencia, la vida, y por esto, tenemos derecho a pertenecer, por esa simple razón, merecemos amarnos.

Nos deseo una entrega bondadosa y compasiva con la humanidad. Reconociendo la unidad e interconexión que nos tiene entretejidos como seres humanos. Comprendiendo que este plano es un salón de espejos; lo que veo, percibo, crítico en el otro es el reflejo de mi interior. ¿Cómo podemos anhelar paz en el mundo sino tenemos paz en nuestros corazones? Mientras eso llega, podemos ser amor para las demás personas; aceptándolas, dando lo que tenemos (no lo que nos sobra), escuchando, sintiendo, respetando a la otredad.

Nos deseo una entrega luminosa con la aceptación de la impermanencia de las cosas. Los físicos, el Buda y los psicólogos, convergieron en una verdad fundamental, todo es impermanente y nada se controla. El Buda y los psicólogos demostraron empírica y teóricamente que el ser, el hacer y el tener están lejos de ser un punto fijo, sino es un constante movimiento; por esto, aceptar esa naturaleza nos evita sufrimiento. Para tranquilidad de los más «racionales», los físicos cuánticos del siglo XX también demostraron lo mismo, la realidad no está hecha y determinada por cosas sino por eventos. ¡Cuidado! Me ha pasado que he confundido resignación con aceptación. La primera, es apatía frente a la vida misma; la segunda, es entrega amorosa y consciente con todo lo que trae esta compleja vida.

Nos deseo entregarnos a la naturaleza y los animales. Como dijo alguien, nuestro problema es que no hemos sanado la herida de desconexión con la naturaleza, y es gracioso que ahora intentamos reparar el propio daño que hemos hecho. Conectar con los árboles, las plantas, las flores, las montañas, los ríos, los lagos, los humedales, los animales, el viento, el agua, el fuego, todo aquello que nos sostiene y damos por hecho.

Finalmente, nos deseo entregarnos al amor. Una energía poderosa, indescriptible, transformadora, sanadora, creadora, luminosa y podría seguir. Nos deseo una entrega decidida con intencionar todo con amor: nuestras acciones, deseos, días, pensamientos, etc, porque en tiempos oscuros, personalmente puedo compartir, que la única (mejor) respuesta es el amor. ¿Cuál es nuestro punto de anclaje? ¿Desde que lugar nos sostenemos para movilizar nuestro ser? Arquímedes dijo alguna vez «Dame una palanca y moveré el mundo», porque no es cuestión de fuerza sino del movilizador correcto para romper obstáculos o remover estructuras. Nos deseo que nuestro movilizador sea el amor, porque como dijo Fito, «nadie puede, ni nadie debe, vivir vivir, sin amor»

Namasté

Deja un comentario