La última duda

«La vulnerabilidad es el camino hacia la conexión y la autenticidad»

Brené Brown

«Afloja la última duda, esa que dice que debes ser fuerte» fue la frase de Rafael previo a jugar con los niños santos. Somos un día jerarcas, poderosos, intelectuales, ricos, dotados de talentos y seguridades; y otro día, somos niños desnudos, con una montaña de miedos, ansiedades, inseguridades, heridas y fragilidades.

En este último estado, es donde observamos que estamos llenos de cosas que no somos, porque lo que somos, tiene un contenido más sutil y no es evidente a la vista. Ya decía el libro El Principito «solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos».

¿Cómo ver con el corazón? Bueno, una primera idea puede ser provista desde el Chi Kung Shaolin, que nos insta a sonreír desde el corazón. ¿Cómo es eso? Sería pretencioso dar una respuesta, de pronto, puedo compartir como experiencia personal que se trata de dejar fluir el arroyo dentro de nuestros canales corporales. Como si subiera y bajara un flujo de agua caudalosa de emociones, con lo que vienen, altos y bajos, ligeros y densos, ambos iguales de importantes. Si algo me ha enseñado la vida de servicio con personas en vulnerabilidad socioeconómica, es que sonreír no es estar alegres siempre, es una postura frente a la vida, sonreímos porque tenemos esperanza a pesar de los obstáculos y las injusticias que aún no tienen una explicación absoluta.

Pero otra forma de ver con el corazón, puede ser mediante el camino que nos enseña Castaneda en Las Enseñanzas de Don Juan «elige un camino que tenga corazón». También sería arrogante explicar cómo es eso, pero acudiendo de nuevo a mi sendero, tal vez esto puede ser, caminar un camino de disfrute, donde el tiempo y espacio son secundarios, probablemente una analogía cuando somos niños y jugamos, y eso es lo único que importa.

Finalmente, un corazón abierto, ese que se permite ser vulnerable. Como hombre, criado en una sociedad machista, es indudable que me cuesta mostrarme vulnerable, porque ese ha sido uno de los mayores daños que nos han hecho, meternos en la cabeza que debemos ser duros o resistentes. Ahora, no creo que esto solo sea del género con el que me identifico, pero si creo que cargamos con más piedras en la mochila que no nos permite andar con vulnerabilidad. Sin eso, es poco probable tener un corazón abierto a la vida, porque estaremos llenos de esas dudas que no podremos soltar, esas que dicen que debemos ser fuertes.

Pienso (y siento) que sonriendo, caminando y abriendo corazón, daremos apertura a un estado de luz que nos vacíe de respuestas seguras y nos llene de preguntas sin pistas, que inicialmente darán vértigo, porque ver el abismo da miedo, pero luego no tendremos más opción que saltar, y de pronto ese salto, no nos hace caernos al piso sino volar a donde nuestro corazón anhela y solo debe recordar.

Namasté

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