Todos tenemos un Aureliano Buendía

Aureliano Buendía vive en nuestros corazones. Este personaje de ficción está presente en nuestra vida cotidiana y decisiones de vida.

Aureliano es uno de los personajes icónicos de Cien años de soledad, la obra maestra de Gabriel García Márquez. El coronel decide ser un revolucionario por la patria y luchar contra el gobierno; librando batallas, cargando muertos y sangre en sus manos y sobreviviendo a la muerte. Sin embargo, pienso que Gabo expone tres aspectos claves que marcan el devenir de la vida de Aureliano.

Primero, la muerte de su esposa en embarazo llamada Remedios, dejando un dolor profundo en su corazón; posteriormente Aureliano se enlista para ser coronel. La otra, cuando ya ha librado tantas guerras civiles, el personaje sigue luchando por saciar su ego y no tanto por los altos fines revolucionarios que perseguía. Finalmente, su disfuncional familia tuvo impactos desde su infancia.

¿Por qué Aureliano vive en nosotros?

En primer lugar, porque emprendemos caminos decisorios en nuestras vidas basados en el dolor o el miedo. En algunas ocasiones no sanamos correctamente nuestras heridas y si a eso le sumamos una de falta de discernimiento, es el cóctel perfecto para iniciar caminos que probablemente están más relacionados a escapar de nosotros mismos o llenar un vacío, que a algo que realmente anhela nuestro espíritu. Recuerdo el caso de Simón que se casó con Amalia para no quedarse solo, ya que él nunca sanó la herida de haber sido abandonado por sus padres desde pequeño; ya se imaginarán como le fue a ese matrimonio.

Por otro lado, nos ha pasado que nos embarcamos en grandes proyectos con altos fines pero el desenvolvimiento de los mismos y nuestro ego goloso nos llevan a perder la perspectiva del sentido por el cual estábamos en eso. Recuerdo el caso de Alberto que quería defender a los desfavorecidos siendo abogado pero en el camino terminó ejerciendo esta profesión por el prestigio y la ganancia material que eso tiene y no tanto por el fin que se perseguía.

Nuestras familias nos marcan, no podemos escapar a esto. Por exceso o por defecto, la familia nos atraviesa en cada aspecto de nuestra vida. ¿Le tomamos el peso que ha tenido nuestra historia familiar en nuestra travesía? Madres, padres y hermanos que nos afectaron o que al contrario, estuvieron ausentes, fueron dejando huella.

Tal vez no estoy diciendo nada extraordinario y novedoso; sanar correctamente heridas, no perder la perspectiva del propósito y trabajar nuestra historia familiar pueden ser caminos de bienestar y felicidad. Ahí está lo misterioso de la vida, que esta es simple pero que eso no quiere decir que sea fácil.

Namaste

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