
La evolución trajo implícitamente un problema: el deseo de dominación sobre otras o las mismas especies como hicieron los seres humanos. No es casualidad que vivimos en una sociedad de opresores y oprimidos. Nos han vendido ideas de la felicidad, el éxito, el amor y las aspiraciones divinas. Estas han sido la gasolina de sistemas e individuos para generar presión en nuestras mentes, y en consecuencia, comportamientos sobre cómo se espera que desenvolvamos nuestra vida.
¿Podremos ser rebeldes ante el establecimiento? ¿Podremos sublevarnos frente a nuestros propios paradigmas adoptados de otras colectividades y sociedades? ¿Podremos vivir auténticamente nuestro día a día? ¿Podremos decirle que NO a nuestros seres queridos si eso va en contra de nuestro amor propio?
Un disclaimer, no podemos ser ingenuos en omitir que estas preguntas están atravesadas por la estructura social y de poder. La rebeldía de una mujer campesina de una zona de conflicto armado será diametralmente diferente frente a la de un hombre blanco citadino con todas las posibilidades. Por esto, en el esfuerzo de no dejarnos dominar, hay que poner en perspectiva que para cada persona su revolución será única y especial. Estará en cada persona, trazar su camino de desobediencia frente a la inherente dominación.
¿A quien y a qué le queremos entregar nuestro poder? ¿A nuestra pareja? ¿A nuestro trabajo? ¿A nuestra familia? ¿A nuestros amigos? ¿Al que dirán? ¿Al establecimiento sobre cómo y para qué vivir? Cuentan los budistas que antes de morir van desapareciendo diferentes aspectos del ser y que en ese instante nos cae el peso de ver morir todo aquello que considerábamos valioso, como si se vaciará todo. Cuando todo se vacía, van quedando pocas cosas, creo que una de ellas es la de haberle entregado en exceso la vida a otras y otros. No creo que sea casualidad que los recientes estudios de felicidad exponen que las personas mayores tienen como uno de sus mayores arrepentimientos el haberle dado tanta atención al «qué dirán».
El discernimiento es esencial. Porque este no es un texto que está proclamando vivir de forma individualista y aislada. Todo lo contrario, esos mismos estudios de felicidad dicen que las personas más felices son aquellas que cultivaron buenas relaciones a lo largo de la vida. El punto estará en la intención que ponemos a nuestras acciones. Si son desde el amor a la vida, posiblemente esas relaciones serán sanas, duraderas y honestas. Si son desde nuestra mente dominada que le brotan carencias, posiblemente serán relaciones bajo el sistema consciente o inconsciente de dominación.
Renunciemos. Terminemos esa relación. Cambiemos de carrera. Vámonos del país. Empecemos el sueño aplazado. Tiremos todo al caño. Emprendamos ese viaje. Denunciemos al violento. Peleemos por nosotros. Larguémonos si no nos hace bien. Confrontemos al opresor. Seamos brutalmente honestos.
¡No nos dejemos dominar!
Namaste.