Dejar fluir es dejar llegar

Me encontraba en un taller y vi en la camiseta de una de mis compañeras «Dejar fluir es dejar llegar». Fue un golpe en el estómago. Les comparto que ando trasegando días con muchos desafíos personales, porque literalmente el mundo me ha dado vueltas dejándome mareado y sin control. Esto último ha sido el mayor desafío, porque no tener el control sobre tu cuerpo y caerte de repente es saber que la idea de control es una ilusión por más que nos ilusione.

Dejar fluir es dejar llegar. ¿Dejamos que lleguen cosas buenas? ¿Dejamos llegar el amor? ¿Dejamos llegar la tristeza? ¿Dejamos llegar la armonía? Probablemente que lleguen esas cosas depende de la fluidez que le regalamos a la vida con sus sucesos. Sin embargo, esa fluidez se ve truncada por los enemigos del fluir: ambición, obsesión y la falsa identidad.

Ambición

El Buda tenía razón. El sufrimiento humano radica en el deseo hacia las cosas o la aversión (deseo en sentido contrario). Buscamos y queremos más, nuestra idea del éxito es más y mejor, ni hablar de las organizaciones, si no se va por más o mejor, no hay sentido. Vivimos tiempos de empalague, no nos basta obtener cosas, queremos atiborrarnos de más como cuando no paramos de comer en un gran banquete hasta la indigestión.

Obsesión

Y como si fuera poco, nos obsesionamos con nuestros anhelos y logros. También con las metas no alcanzadas. Somos obsesivos (y románticos) con la búsqueda de la felicidad. Y entre más la perseguimos, más se nos escurre como arena entre las manos.

La falsa identidad

Nos identificamos con un personaje que construimos. Lo vestimos elegante, lo hacemos hablar con diplomacia, lo hacemos actuar frente a la gente (incluyendo los seres queridos) y le hacemos creer que si no alcanza lo que se propone va sufrir; posiblemente porque si falla tiene miedo a que se le caiga el personaje.

Dejar fluir

Según los mayas, la fluidez está relacionada con la Luna. Está claro, si queremos fluir debemos ser receptivos. Saber esperar y aceptar el devenir de la vida. Fluir significa resistir, ser valiente, tener coraje y algo de rebeldía frente una sociedad que nos educa sobre la falsa idea del control. Cada vez veo con más claridad, que la meritocracia es una falacia y somos seres a merced de la lotería de la cuna. Siendo ese nuestro punto de entrada, ¿por qué el resto de nuestra vida no es más que una lotería? ¿Y si dejamos que fluyan las cosas? ¿Y si luchamos contra los enemigos de la ambición, la obsesión y falsa identidad?

Fluir suele ubicarse en un imaginario de debilidad o ligereza; pienso todo lo contrario, quien se permite fluir está demostrando que no se ha dejado domesticar por los sistemas mentales, sociales, culturales, políticos y económicos de nuestros tiempos.

Dejar fluir ES dejar llegar.

Namaste

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