Practicar el «No Hacer»

“La razón por la que tenemos dos orejas y una sola boca es porque tenemos que escuchar más y hablar menos.”

Zenón de Citio

―¿Qué me recomienda para lo que viene Rafael? ―le pregunté.

Felipe, le recomiendo que escuche y observe más, sea menos propositivo y proactivo ―me dijo Rafael.

Estuve recibiendo mentoría en los últimos meses de parte de un gran maestro que me llevó a retomar las enseñanzas orientales sobre el no hacer. ¿Qué es eso del no hacer? Simple. Es un estado del ser que desarrolla y moviliza todo su potencial a partir de no intervenir en el orden natural de las cosas. ¿Fácil no?

Durante las sesiones con Rafael profundizamos sobre la importancia de no ser esa persona, líder, amigo, padre, etc…que busca protagonizar el curso de las cosas. Reflexionamos que nos gusta ser el personaje principal de la historia porque nuestro ego pide a gritos ser reconocido y valorado. Si dejamos ir ese ego, tal vez nos daríamos cuenta que nuestras actuaciones no son tan necesarias como creemos.

También, abordamos que tenemos un peso cultural sobre nuestros hombros con este malestar (principalmente occidental con herencia greco-romana). Nos gusta ser héroes, líderes de nuestra vida, el mejor jefe, la mejor versión de ti, el capitán del barco y podría seguir. Además, nuestra sociedad castiga todo lo relacionado con no hacer nada: el ocio, el descanso, no hablar en una reunión, no hacer nada en los mismos espacios que supuestamente eran para eso, como unas vacaciones.

Buscando avanzar de la reflexión hacia la propuesta, resulta que el no hacer es tan poderoso como el mismo hacer. Tiene el potencial de hacer más eficaces nuestras acciones, porque parte de un estado de presencia y análisis claro sobre el devenir de las cosas. También, aporta al autoconocimiento, porque es un encuentro con uno mismo mientras se convive en comunidad, ya que son exploraciones y preguntas constantes sobre quienes somos. Finalmente, porque sufrimos menos, muchas veces estamos afligidos por el exceso de deseo y hacer.

¿Cómo se ve el no hacer?

  • En una reunión de trabajo, hablamos menos, escuchamos más e intervenimos solo cuando es necesario. A veces nos daremos cuenta, que tal vez, no debíamos decir ni una palabra.
  • No interviniendo constantemente en el conflicto entre dos pares porque sentimos que si no intermediamos eso no tiene solución. En algunas ocasiones, nuestra intervención solo daña o fuerza las voluntades, algo que no será sostenible eventualmente.
  • Dándose 10 minutos al día para pensar tirado en el sofá.
  • Observando los mensajes del entorno o universo que llegan a nosotros sobre esa respuesta que necesitamos para dar ese siguiente paso. Son diversas las ocasiones donde la respuesta está frente o adentro de nosotros, pero en la era de la sociedad del cansancio es difícil parar y observar. Tal vez, esa es una de las mayores revoluciones de los tiempos modernos, retar a la humanidad a parar.

Como lo muestra la foto, los cauces de los ríos contienen mucha sabiduría. Nos enseñan que fluir es un camino con avance y sin deseo, solo va a su destino; y también, que si le cerramos su cauce o vamos contra la corriente, el por algún lado va salir a las buenas o a las malas causando daños. Entonces, ¿podremos trabajar nuestra construcción del ser para dejar que fluya el río sin tanta intervención?

Estoy seguro que podemos.

Namaste

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