
En una típica tarde fría bogotana, Estella se disponía a tomarse un café con su amiga Martha. Estella se había ofrecido a escucharle sus problemas de pareja y trabajo, ya que había notado en la llamada telefónica su voz de angustia y desespero.
Pasaron dos horas de encuentro en las cuales Estella tuvo su usual actitud de calidez para comprender a la otra persona. Estuvo atenta a cada uno de los pesares de Martha y tuvo la palabra precisa para brindar algo de alivio a cada situación que le fue nombrando. Pasadas las dos horas, Martha le preguntó a Estella:
–¡He hablado dos horas sin parar! No te he preguntado nada de ti. ¿Tú cómo estás? ¿Cómo viene tu actividad en la iglesia? ¿Qué tal tu trabajo? ¿Qué tal está tú mamá y abuelita?
–Bien bien, afortunadamente todo anda bien –contestó Estella.
–¡Ah que bueno Estella! –dijo Martha. Me alegra que estés así de feliz. Bueno, quiero agradecerte por este tiempo, siempre logras ser un bálsamo para el alma de quienes estamos cerca a ti. Que bendición contar con tu amistad. Permíteme invitarte el café, es lo mínimo que puedo hacer.
Estella se dirigía caminando hacia su casa cuando recibió la llamada de un ex colega de trabajo.
–Estella ¿cómo estás? Era Federico, uno de los buenos amigos que Estella había hecho en su anterior trabajo. Él ahora trabajaba en una importante multinacional radicada en Santiago de Chile.
Estella se puso feliz de escuchar a Federico. La última vez que habían hablado, ella le había mencionado que, si bien estaba feliz en su trabajo, soñaba con irse del país algún día y vivir la experiencia que cuentan todos sus amigos de la universidad que han tenido esa oportunidad de trabajar en otro país.
–Mira, te llamaba porque están buscando una persona de talento humano y pensé que tienes todo el perfil para esa vacante, te puedo recomendar. Como sabes, trabajo en la empresa y por la información que manejo, es una vacante con todo lo que me comentabas la vez pasada que sueñas: otro país, nuevas experiencias, posibilidades de viajar y bueno, no te niego, yo estimo que el doble o triple de salario.
Estella se emocionó al escuchar esta posibilidad; sin embargo, en el instante que Federico terminó su intervención,
–Gracias Federico, Estella respondió. Agradecida con Dios por tener amigos como tú.
–Desafortunadamente sabes que no puedo hacer eso ahora, mi mamá y abuelita dependen de mí, yo no sería capaz de dejarlas solitas en Colombia. Nunca me perdonaría si les pasara algo y yo me enontrará lejos de ellas – añadió Estella.
–Federico teniendo menos tacto que en otras ocasiones le dijo – Estella yo te entiendo, pero no deja de causarme curiosidad cómo el tema de tu familia no te permite arriesgarte a vivir otras aventuras. Pasó antes con Alfredo cuando te propuso mudarte con él a España, también cuando te ofrecieron la beca para estudiar en México y ahora con un trabajo que podría ser el de tus sueños. Está claro que te entiendo, tienes un corazón enorme, pero me queda la duda ¿Ese corazón así de grande es también para ti? Bueno, discúlpame, me estoy excediendo.
–No te preocupes Federico. Entiendo lo que me dices, pero confío en que Dios me tiene preparado un camino en el que debo confiar. Seguro llegará el momento preciso para lo que debo vivir. Además, en este trabajo siento que también cumplo con mi propósito más grande “servir al prójimo”.
Pasaron los años y el tiempo hizo su trabajo. Desafortunadamente, a su madre le diagnosticaron un cáncer fulminante que le daba como máximo 6 meses de vida. Esta noticia fue un golpe emocional para su abuelita, quien no pudo aguantar esto y al cabo de 4 meses había fallecido. Su madre falleció dos meses después. En un lapso de seis meses, Estella se había quedado sin aquello que más amaba y por lo que había girado su cotidianidad por 40 años.
Posterior a estos eventos, Estella no sabía que hacer, con quien hablar o al menos desahogar sobre el gran peso de tristeza que sentía. Se había acostumbrado a que su refugio eran sus dos madres. A ellas les contaba casi toda su vida, sus particularidades del día a día, pero sobretodo le daban un propósito diario. Fueron llegando también los cuestionamientos consigo misma sobre si había valido la pena sacrificar tanto por ellas.
Fueron meses de mucha soledad y pena para Estella. Curiosamente alguien que tiene a muchas personas que la admiran por su amor y servicio, no tenía el coraje de mostrarse vulnerable y pedir ayuda a su círculo más cercano que por tantos años ha soportado. Su único refugio era Dios, pero ni la misma espiritualidad lograba ofrecer alivio y mucho menos plenitud para seguir adelante con tranquilidad.
Tal vez esa intranquilidad con ella misma tenía que ver con algo que unos sabios llaman amor propio. A Estella le cayó de frente una realidad a la que no podemos escapar: venimos solos y nos vamos solos. Pero este no era momento de arrepentimientos, al contrario, este instante para Estella podría ser uno de esos regalos que nos regala la vida, el de volver a tener una oportunidad para reinventarnos. Ese reinventarnos generalmente no es grandilocuente como en las películas, es posible que en el caso de Estella tan solo empiece con alzar el teléfono y llamar a Federico a decirle que necesita alguien que la escuche para tener una gota de alivio con su desolación. Solo esa pequeña semilla puede ser el futuro árbol de vivir en otro país y cumplir algunos sueños pendientes.
In Lac’kech – Hala Ken