
Era una tarde soleada, pero con brisa fresca en el Valle de Sibundoy. En este precioso valle, lugar de ancestros, elementales y tradiciones se encontraban Pedro y Gabriela. Ellos estaban realizando una caminata hacia la cascada Ror porque necesitaban tomar un descanso de sus labores de servicio.
El Valle de Sibundoy, tierra de magia y cultura, también es un espacio de desigualdades e injusticias sociales. Por ejemplo, Pedro y Gabriela atienden en una Fundación a jóvenes con problemas de salud mental; desafortunadamente, en el Valle la tasa de suicidio de jóvenes entre 13 y 26 años es escandalosamente alta. ¡Vaya contradicción! Un lugar lleno de recursos y activos ambientales, sociales, culturales y artísticos no logra ser un entorno de contención para las afectaciones mentales contra los jóvenes.
Camino a la cascada Gabriela le preguntó a Pedro ¿Vale la pena luchar por estos jóvenes? Mira somos solo una Fundación de 10 personas para atender a miles de jóvenes que padecen enfermedades de salud mental. Pedro le respondió que a él le gustaba creer lo que su buen amigo Martínez le había compartido alguna vez posterior al terremoto de Haití “Pedro hay que estar con el pecho inflado por tener el privilegio de servir a miles, pero con templanza de saber que no somos los protagonistas en este anhelado cambio.” Para Gabriela esto no fue suficiente, ella le refutó diciendo que no lograba conciliar el sueño debido a su frustración cada vez que pensaba en lo insignificante que era su contribución.
Después de 3 horas de camino, Pedro y Gabriela llegaron a la cascada. De repente, de la cascada se aparecieron tres seres llenos de vibrantes colores vivos, parecían hechos a mano por las comunidades indígenas cuando realizan tejidos artísticos. Colores, precisión, mística e inspiración reflejaban sus cuerpos. Cada uno se presentó frente a Pedro y Gabriela mencionando sus nombres: La Guardiana, La Luchadora y El Maestro.
Ante el asombro de ver a estos seres, sin claridad si eran reales o no (como el arcoíris), Gabriela les preguntó ¿Qué hacen acá? ¿Son reales? ¿De dónde vienen? El maestro contestó “hace muchas preguntas señorita, espero que no sea así su cabeza” dijo entre risas. Seguido a esto, la Guardiana se dispuso a dar a una breve explicación a ellos. Nosotros aparecemos cuando vemos la necesidad de dar un empujón al corazón de los valientes, esos que dan amor incondicional sin esperar a cambio retribuciones. Yo me siento identificada con esto, por eso me dicen la Guardiana de los corazones nobles.
Luego, la Luchadora complementó a su compañera mencionando que ellos hacían presencia cuando era necesario traer fe a los servidores sociales. Ella aclaró que no se refería al concepto de fe erróneamente relacionado con los dogmas religiosos sino a la fe que está relacionada a tomar compromiso con uno mismo, con un ideal. Esta fe es la que quiero irradiarles, porque todo luchador debe tener una fe intacta sobre las batallas que tiene que librar.
Todos observaban al maestro mientras este se mantenía en silencio con su mirada fija a la cascada. Pasaban los minutos y se percibía la incomodidad de Pedro y Gabriela al presenciar silencio absoluto en una persona; no es algo a lo que ellos están acostumbrados en sus círculos sociales. En ese instante La Guardiana dijo, tranquilos, el maestro es implacable y sabe leer la energía del contexto tanto para hablar como escuchar cuando es preciso.
Minutos después El Maestro se pronunció compartiendo “para servidores con corazón valiente y compromiso con la fe es necesario el discernimiento de la intención”. ¿Qué significa eso? Preguntó Pedro. El Maestro le respondió, puedes ejercer una misma acción por amor o por miedo, y es esencial que diferencies ¿desde dónde estás pisando? Con esa claridad, tu corazón no tendrá confusiones acerca si vale la pena o no servir a tantos jóvenes, porque si es con amor, lo sabrás y si es con miedo, tarde o temprano te pesará.
Amor, fe y discernimiento, ahí está la trinidad del servicio Pedro y Gabriel, comentó el Maestro. Si en algún momento tienen dudas sobre su labor, vayan al reencuentro de su ser desde el amor, la fe y el discernimiento. Esos muchachos de la Fundación estarán eternamente agradecidos con ustedes, pero les aseguro que ustedes más, porque cuando servimos más nos transformamos.
In Lak’Ech – Hala Ken